lunes, 11 de noviembre de 2013

Por Andrés Pascual
10 de noviembre del 2013

Luis Manuel Rodriguez Luis Manuel Rodríguez está en el Salón de la Fama del Boxeo Internacional porque le sobraron condiciones como pugilista excelso. Para los cubanos de antes del castrismo, Luis Manuel fue considerado “un profesor” del difícil “arte de dar y que no te den”, circunstancias ya casi olvidadas en el boxeo de hoy.

El nativo de Camagüey, Cuba, fue un boxeador prodigioso que tuvo la disposición natural e intuitiva de los inmortales de Fistiana para situarse en ángulos invulnerables y colocar al oponente en territorio de franca inferioridad e indefinición: fue un estratega eminente a quien su instinto le convirtió en un verdadero “cirujano del ring”, calificativo manoseado en exceso en estos tiempos.

Luis Manuel Rodríguez no fue un boxeador en el sentido cavernícola de la palabra; no fue un pugilista como, digamos, Florentino Fernández, que arriesgaba 6 ó 7 rounds al regalarle al contrario manuales de aburrido tecnicismo en las tarjetas judiciales a la espera de la brecha defensiva por donde descargar su poderoso hook de mano izquierda, demoledor y salvaje, casi irremediable de intención homicida.

El camagüeyano hizo del boxeo un espectáculo de ciencia depurada, de virtuosismo y magia para la concurrencia y, eso, como a Chocolate en su época, le convirtió en un artista del ring.

No se coronó campeón mundial de peso welter en 1959 ó 1960, por el relajo que todavía son los rankings del boxeo: de manera absurda, desde la posición # 9 en el escalafón, llegó su compatriota Benny Paret a una pelea titular contra Don Jordan para proclamarse campeón mundial de las 147 1/2 libras y, en rápida revisión de los récords de ambos, se observa que el camagüeyano había derrotado dos veces al villareno y no fue sino hasta 1963 que Luis Manuel tuvo la oportunidad titular contra Emile Griffith, a quien derrotó en muy peleados 15 rounds, en cartelera celebrada en Los Ángeles y que se promocionó como “La Noche Cubana”, porque también ganó Ultiminio Ramos la faja de los plumas al derrotar en pelea sangrienta y trágica a Davey Moore quien, a consecuencias del castigo que le infirigió el poderoso cubano, se convirtió en la segunda fatalidad que, por efecto de sus golpes, lograba el matancero; la primera, en La Habana, “Tigre” Blanco.

En 1959 y 1960, Luis Manuel Rodríguez era el primer contendor de la revista The Ring, a la sazón, quien confeccionaba los rankings oficiales; pero Luis Manuel no tuvo “amigos” que le ayudaran -léase mafiosos y raqueteros-, digamos que como el propio Griffith a quien manejaba desde las sombras Ted Brenner, entonces matchmaker del Madison Square Garden; o como Chocolate durante la década de los veintes, que tenía detrás a Jess McMahon, una especie de controlador a la silenciosa de su carrera en Norteamérica, quien trabajó al lado de “Pincho” Gutiérrez durante la efímera etapa gloriosa del Kid cubano en riñes de por acá.

Tres meses después de ganar la corona welter, Luis Manuel perdió ante el propio Griffith el cinturón en pelea tan controversial que, para muchos periodistas del sector, fue un robo lo que le hicieron. Se dijo incluso por esa época que, en todas las peleas que efectuaron -cuatro en total-, Rodríguez sacó ventaja ganadora contra el homicida de Benny Paret.

En 1959, el prometedor Cal Hubbard llegó a Miami a una pelea contra Luis Manuel Rodríguez con la aureola de ser un contrincante serio en el escalafón, que nunca había caído a la lona; pero la ciencia de Luis Manuel fue demasiado y la colocación de los golpes en el lugar justo a base de combinaciones exquisitas le horizontalizaron por la cuenta irremediable. Jack Kearns, que manejó las carreras de Jack Dempsey y Archie Moore y estuvo presente en esta pelea, declaró: “…a ese hombre no se le puede pegar, si sube de peso, le puede ganar a Gene Fullmer…” Y Luis Manuel derrotó durante su carrera a varios pesos medianos, no haciendo quedar mal al veterano manager.

Cuando invadió la división mediana, alcanzando el # 1 en el ranking, consiguió una pelea titular contra Nino Benvenuti, italiano y entonces campeón mundial que, entre otras cosas, fue al que Carlos Monzón le arrebató el titulo en 1970; pero en 1968 y después de darle una lección de boxeo a Benvenuti durante 13 rounds, Luis Manuel Rodríguez acusó en el ring el peor enemigo de un peleador: el cansancio y, al dejar abierta una brecha en su extraordinaria defensa, un gancho del italiano le noqueó.

Luis Manuel Rodríguez, orgullo de Cuba, perteneció al selecto grupo de boxeadores para los que su escuela ni está en manuales; ni se aprende en gimnasios: se nace con ella; o no se alcanza.

El cubano, que tuvo uno de los mejores “jabs” de la historia del boxeo; que hacía alarde de su inteligencia, su instinto y su intuición en el ring; que caminaba sobre el encerado como muy pocos en la historia del boxeo, arrancó del recientemente fallecido Hank Kaplan la siguiente opinión: “…Rodríguez fue el virtuoso mas poco valorado en el boxeo en todos los tiempos; pero, a pesar de eso, es una de las maravillas que haya pasado por la división welter…”

Entre las víctimas de Luis Manuel Rodríguez se cuentan: Curtis Cokes -a quien Mantequilla Nápoles le ganó el campeonato mundial en 1969-, “Huracán” Carter, Isaac Logart, Tony Armenteros, Chico Vejar, Benny Paret, Emile Griffith, Wilbert MacClure, Benny Briscoe, Rocky Rivero…hasta un total de 97 peleas ganadas, de esas, 47 por nocao en un total de 109 durante su carrera; perdió 11 peleas, cinco de estas por la vía del cloroformo y una inconclusa, contra José Hernández, en La Habana, al suspenderse el bout en el segundo round por lluvia.

El glorioso peleador cubano falleció en Miami durante la década pasada de complicaciones renales, derivadas de la diabetes.

Tomado de: Solo Boxeo.com

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