martes, 15 de marzo de 2016

La Gran duquesa María Teresa de Luxemburgo sueña con viajar a Cuba, su país natal • A la edad de 3 años, esta hija de banqueros cubanos abandonó La Habana junto a su familia en octubre de 1959 • Retornar a Cuba no es su única prioridad.
Véronique POUJOL y Philippe AGRET/AFP
MARZO 4, 2016 6:13 AM

La Gran duquesa María Teresa de Luxemburgo sueña con viajar a Cuba, su país natal, junto a Muhamad Yunus, inventor del microcrédito y premio Nobel de la paz 2006, para desarrollar proyectos de microfinanzas.

“Algo que me brindaría enorme placer sería poder viajar a Cuba junto al profesor Yunus para lanzar microcréditos”, explica la esposa de origen cubano del soberano Enrique de Luxemburgo, en una entrevista.

Según su biografía oficial, la Gran duquesa está muy compenetrada con las microfinanzas y trabaja junto al economista bangladesí desde hace varios años.

“Es algo que me apasionaría. No sé si la apertura es ya suficiente como para hacerlo ahora, pero es un sueño que tengo”, se entusiama María Teresa, en una audiencia caracterizada por la sencillez en un salón del castillo de Colmar-Berg (centro del gran ducado), la imponente residencia de los soberanos luxemburgueses.

A la edad de 3 años, esta hija de banqueros cubanos abandonó La Habana junto a su familia en octubre de 1959, con la llegada al poder de la Revolución liderada por Fidel Castro.

“No era ni amigo ni enemigo. Era la persona a causa de la cual toda mi familia tuvo que dejar la isla de Cuba. No era una situación fácil”, recuerda.

No obstante, cuando se comprometió con su futuro esposo Enrique, el 7 de noviembre de 1980, el Líder Máximo fue el primero en felicitarla: “lo primero en llegar al palacio fue un enorme ramo de rosas rojas, junto una carta de Fidel Castro con todas sus felicitaciones”.

Años después de su casamiento, el 14 de febrero de 1981, y el ascenso al trono de su marido en octubre de 2000, se entrevistaría con el líder cubano en La Habana por iniciativa de un primo hermano de ella cercano al régimen castrista.

Saludando la normalización de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, la soberana de Luxemburgo se declara “muy feliz por la población cubana, que tanto ha sufrido durante muchos años”.

“Los cubanos son un pueblo que se encuentra geográficamente cerca de Estados Unidos, pero cuyo corazón y mirada están en Europa. Espero que Europa esté muy presente en este momento de cambio en Cuba”, aspira la monarca.

“Desde el punto de vista económico hay muchísimo por hacer en esta isla, pero también sé que el pueblo es muy trabajador y que las cosas en Cuba pueden cambiar muy rápidamente”, anticipa María Teresa.

Retornar a Cuba no es su única prioridad. A fines de enero organizó un foro internacional sobre la dislexia -que padece su hijo Luis-, y pronto comenzará los preparativos de un simposio que concretará en 2017, cuyo tema es el de las mujeres en tanto “vectores de la paz, pero también primeras víctimas de la guerra”.

Su idea es reunir a las mujeres “alrededor de causas esenciales”, tales como el combate contra “las violaciones como arma de guerra”, algo que ha tomado “proporciones espantosas”.

“Lo que ocurre en Siria, en la región de los Grandes lagos alrededor del Congo, es un verdadero horror. Y sólo son dos lugares del planeta. Lamentablemente, tampoco son los únicos”, se lamenta.

“Pienso que tenemos un rol a jugar y que es necesario tomar conciencia y movilizarse, sobre todo las mujeres, las más oprimidas, las que más sufren, para ser dueñas de su propio destino y por el futuro de la paz, porque ésta se encuentra también en nuestras manos”, asegura.

En Burundi, otro eje de su acción humanitaria, se alineó junto a quien se convirtiera en su amiga, Maggy Barankitse, fundadora de la “Casa Shalom”, que en un principio recogía niños para salvarlos del genocidio (1994) para luego ocuparse de los niños soldados y, junto a la Gran duquesa, de los menores encarcelados por delitos de derecho común.

“Nunca habría soñado que en cuatro años lograríamos sacar a tantos menores del conjunto de la población carcelaria en Burundi. Fueron unos 600”, testimonia.

Ahora, María Teresa se manifiesta dispuesta a recomenzar este trabajo con los jóvenes de los campos de refugiados, “para evitar que caigan en manos de las milicias que puedan intentar enrolarlos como niños soldados”.

Tomado de: El Nuevo Herald

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