jueves, 27 de octubre de 2005

Posted on Thu, Oct. 27, 2005

JORGE EBRO.
El Nuevo Herald

Antonio ''Puppy'' García acaba de perder el combate con la vida, pero no con la historia.

El legendario boxeador cubano falleció recientemente en esta ciudad víctima de un paro cardíaco, dejando atrás una estela de amigos y admiradores que lo recuerdan de sus días de campeón antillano.

''Era, sin duda, uno de los púgiles más populares y taquilleros de todos los tiempos en Cuba'', recuerda Enrique Encinosa, un especialista en la materia, quien ha escrito copiosamente sobre el boxeo de la isla. ``Arrastraba mucho público''.
Muchos de los que le vieron encima de un cuadrilátero recuerdan su estilo valiente e incesante, que no daba ni pedía tregua, lo cual aseguraba el éxito de cualquier velada donde estuviese presente.

Todavía se comentan sus combates con Ciro Moracén como si fueran jornadas inolvidables.

García, que terminó con un récord de 37 victorias -17 por la vía del nocáut- y ocho derrotas, llenaba el Palacio de los Deportes de la Habana con facilidad, pues el público sabía lo que le esperaba.

''El mayor ídolo de Cuba era un muchacho llamado Puppy García'', rememoró recientemente en una entrevista el genial entrenador Angelo Dundee. ``Era alguien digno de ver, un guerrero que sangraba mucho''.

Dundee, quien con su hermano Chris, permitió el establecimiento de una pléyade de boxeadores cubanos al triunfo del régimen de Fidel Castro, tuvo el interés de dar a conocer a García en los cuadriláteros estadounidenses, pero nunca pudo contactarlo después de 1959.

''García, simplemente desapareció'', acotó Dundee, quien planeaba darle una oportunidad por un título mundial.

Pero la realidad era que el que fuera campeón pluma cubano en los años 50 se encontraba en un combate con otro rival.

''Puppy comenzó a conspirar contra Castro y cayó preso'', explicó Encinosa. ``Ya su carrera estaba casi al final, pero el decidió luchar contra el régimen y estuvo preso varios años''.

Finalmente, García logró llegar a Estados Unidos durante los sucesos del Mariel y siempre se le consideró una de las glorias del deporte nacional que sobrepasó el paso del tiempo.

Hace unas semanas recibió un último homenaje durante un cartel preparado por el promotor Richard Doval y fue el propio Encinosa quien le entregó una placa de homenaje al ya anciano fajador.

''Subirme a un ring con él fue un gran honor para mí'', apuntó Encinosa. ``Su popularidad no tuvo límites, cuando sangraba parecía un toro herido. Entonces, embestía igual, como un toro herido''.

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