jueves, 3 de agosto de 2006

Cubanos en EEUU

En seis años han llegado más cubanos que por el Mariel
OSCAR CORRAL
Un súbito escalofrío de soledad invadió a Tamara Saavedra cuando terminó de hablar por teléfono con su esposo y miró la tienda de video vacía en la que hace el turno de madrugada.

Se le salieron las lágrimas, a pesar del ruidoso concierto de música latina que pasaba un televisor cerca de ella. Allí, en la tienda de Hialeah, rodeada de DVD's de populares programas de la televisión cubana, películas de Hollywood y pantallas de anuncios, se dejaba arrastrar por la tristeza.

Saavedra, de 31 años, se cuenta entre las decenas de miles de cubanos llegados a Estados Unidos desde el 2000, en número mayor que el total de los que vinieron por el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso en 1980.

Sin que se note mucho, esta nueva oleada está cambiando el paisaje de Miami.

Como tantos, Saavedra ha luchado por adaptarse a la vida en otro país. Sus preocupaciones son comunes: tener dinero suficiente para comprarle medicinas a su hija enferma, poder pasarla bien con su esposo, al que sólo ve unos minutos al día, y hallar el modo de convertir en realidad los sueños que la impulsaron a salir de Cuba.

Cuando mira hacia adelante, no siempre ve la luz al final del lado norte del Estrecho de la Florida.

"El sueño americano no existe", dice, mientras limpia el suelo de la tienda. "Pero nunca voy a volver a vivir en Cuba, por lo menos mientras viva Fidel Castro".

A diferencia de inmigrantes que vienen de otros países latinoamericanos, los cubanos recién llegados en sus 20 y sus 30 deben remontar una curiosa desventaja. Hijos de la revolución de Castro, fueron criados mayormente en el "período especial" que afectó Cuba en los 90, después del colapso de la Unión Soviética.

Como aprendieron a sobrevivir en un sistema comunista desgajado largo tiempo de la democracia y del capitalismo que imperan en Estados Unidos, muchas veces se sienten perdidos en un sistema que les exige competir y creer firmemente en sus propias capacidades.

Al menos 130,000 cubanos han venido a Estados Unidos desde el 2000, la inmensa mayoría al sur de la Florida. La mayoría ha entrado legalmente a través de la lotería de visas, que les abre las puertas del país a 20,000 anualmente, pero otros han emprendido la riesgosa fuga por mar. Muchos viven en Hialeah, que durante largo tiempo ha dado refugio a cubanos e inmigrantes de otros países.

Su llegada ha sido más tranquila y mesurada, a un Miami diferente a aquel adonde llegaron los del Mariel una generación atrás. En 1980, los cubanos eran el grupo hispano mayoritario en Miami. La ciudad y el país en general reaccionaron horrorizados a una inmigración descontrolada, incluyendo los miles que vinieron con antecedentes penales.

Hoy los cubanos siguen siendo el grupo más nutrido, pero no alcanzan a ser mayoría entre los hispanos del sur de la Florida. Y pocos han prestado atención a la llegada de este subgrupo dentro del exilio.

SIN MUCHO RUIDO

La energía política que caracterizaba la primera ola de exiliados cubanos parece esfumarse entre los recién llegados. La mayoría de los entrevistados para este reportaje conocen poco o nada de la política sudfloridana, y reducen al mínimo las críticas al gobierno de Fidel Castro.

Ariadne Quiñones, de 27 años, llegó hace apenas un mes. Para ella, Miami es ''un pueblo de campo'' comparado con Shangai, en China, donde pasó seis meses cantando en mandarín para chinos ricos en el 2003, enviada por el gobierno cubano.

"No me gusta la política", dijo. "En Cuba, te vas cuando puedes, no cuando quieres. A mí todo me da igual. Todos los sistemas tienen cosas buenas y malas. Lo que tienes es que ser feliz donde vivas".

Para Barbarita Herrera, de 39 años, adaptarse a la vida en Estados Unidos al estilo de Miami ha sido difícil. Incluso el agua le sabe diferente a la que salía llena de parásitos por las pilas de La Habana. Pero, a diferencia de otros, Herrera siente un odio profundo por el gobierno de su país, y por un sistema al que le vaticina cambios.

"A veces siento que no puedo más y que voy a regresar para allá", dice. "Pero no puedo volver a vivir en ese sistema. Castro tiene que caerse. Tienes que estar allí para darte cuenta de lo difícil que es aquello".

Uno de los que sí llegaron marcados por la política es el periodista independiente Manuel Vásquez Portal, que sufrió encarcelamiento antes de venir al exilio en junio del año pasado. Dice que la apatía política de sus compatriotas recién llegados se debe a la desilusión con el sistema cubano, que los inmunizó contra la política.

"El deterioro económico de la isla, resultado directo de la mala política, ha hecho que la vida allá sea una pesadilla", dijo Vásquez Portal. "A nadie le gustan las pesadillas, por eso todo el mundo trata de olvidar".

Como dice Herrera, "yo lo que quiero es una vida mejor".

Parece haberla encontrado. En su apartamento hay dos televisores con servicio de satélite, un aire acondicionado y una computadora con acceso a internet, todo donado.

Dice que ella y su hija, Rocío de la Torre, fueron sacadas de Cuba por Guanabo en lancha rápida una tranquila noche de septiembre. Su hija nunca pagó los $10,000 que costaba el viaje. Pero era tanto el caos en la lancha --con 33 personas a bordo, y para subir debían nadar 100 yardas--, que los contrabandistas no se dieron cuenta de la pasajera adicional hasta que los bajaron a todos en Dry Tortugas.

Algunos cubanos vienen con visas, entre ellos los refugiados políticos. Algunos cruzan el Estrecho de la Florida o la frontera con México. Pero todos tienen un raro privilegio: la residencia en Estados Unidos, asegurada al cabo de un año de estancia en el país.

Más cubanos se hicieron residentes en Estados Unidos el año pasado --36,000-- que en ningún otro año desde 1980. Este año, la Patrulla Fronteriza está tratando de detener más cubanos que busquen llegar a suelo estadounidense que en cualquier otra fecha de la década pasada. Lo común es que pasen un día o dos detenidos antes de que se les conceda el parole y salgan en libertad.

LA VIDA EN HIALEAH

Hialeah tiene una sofisticada estructura para facilitar la transición de los cubanos: tiendas de video donde se alquilan copias de programas de la televisión cubana, películas y dibujos animados; tiendas de productos usados que venden vestidos para fiestas de 15 y para bodas por $20, y restaurantes y negocios que mantienen sus puertas abiertas para todos los recién llegados en busca de trabajo.

L & J Video, en la calle 9 del East, donde trabaja Saavedra, alquila espectáculos del grupo humorístico Punto y Coma, del programa De cubano a cubano, y dibujos animados de Elpidio Valdés, para todos los que buscan paliar la nostalgia con una dosis de programación cubana. Nayibi Pérez, de 22 años, que vino hace cuatro meses, alquiló 10 videos en una visita reciente.

"Este es lo mejor de la televisión cubana", dijo, mostrando un video de una serie policiaca producida en la isla. "Allá no se puede ver televisión sin que te interrumpa la Mesa Redonda. Todo el mundo quiere irse. La comida está mala, no te pagan bien. Yo decía que cuando viniera iba a sacar dinero con sólo dar una patada, pero la realidad es otra".

Su novio, Elpidio Amores, de 40 años, que vino de Cuba en agosto del 2004, le dijo que lo único que asegura el éxito en Miami es trabajar duro.

Pérez y Amores pagaron los $20 del alquiler y se fueron con su pedazo de nostalgia cubana.

"Me encantan estos shows", dijo Pérez. "Me recuerdan todas las mentiras. Aquí en Miami la vida es dura, pero no es una mentira".

Lea el blog de internet de Oscar Corral 'Miami's Cuban Connection' en http://blogs.herald.com/cuban_connection/

Miércoles, 12 de Julio del 2006


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