Por Luis de la Paz
Diario Las Américas
1.—Sin duda eres un exitoso hombre de teatro. ¿Cuáles han sido tus pilares en esa carrera?
—El éxito siempre ha sido hijo de la audacia y de la disciplina, y sólo puede ser logrado después de una larga serie de fracasos; en realidad el éxito representa el 1% del trabajo de un artista, que conlleva un 99% de fracasos. Ahora bien: el éxito genera éxito, como el dinero genera dinero. Hay ciudades donde el único éxito que se reconoce es el comercial. En Miami, a pesar de su fama de meca de la superficialidad y el mal gusto, el contexto es diferente. Aquí hay muchos artistas viviendo, gente que conoce la diferencia entre el arte y la cultura, entre literatura y mecanografía, entre teatro y “trateo”, y poco a poco vamos avanzando en el camino del Arte. Como en todas partes, aquí hay obras que tienen éxito sin tener mucho mérito y obras que tienen mérito sin tener mucho éxito. El mérito siempre envidia al éxito y el éxito suele creerse que es el mérito. Si algo me da tristeza es el precio que hay que pagar en Miami para tener éxito. Para hacer mi teatro y decir mis verdades no puedo depender del éxito, yo he decidido hablarle al corazón de las personas y no a sus orejas, y es que no todo el mundo tiene orejas, pero todos tenemos un corazón. Más que un hombre de éxito, me interesa ser un hombre de valores.
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